Ángeles y criminales: los holandeses de Gabriel García Márquez
en La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada
Aruba, Bonaire y Curazao nunca están muy lejos en la obra del autor colombiano Gabriel García Márquez. Las tres islas de sotavento forman parte de su mundo costeño; tanto sus personajes como el propio autor se sienten más a gusto en las islas ABC que en Bogotá, la tan lejana y fría capital de su país. Gabo menciona las islas y escribe sobre sus habitantes: los arubeños, los bonairenses y los curazoleños. Sin embargo, en cada isla también viven holandeses, y es lógico, pues, que ellos aparezcan en sus textos, por ejemplo, en la colección de cuentos La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada (1974).
Uno de los temas que llama la atención en este libro de relatos es el tema del extranjero. En ‘El mar del tiempo perdido’ aparece, por ejemplo, el señor Herbert, un estadounidense que cambia completamente el ambiente en el pueblo, y en ‘Muerte constante más allá del amor’ el lector conoce a Nelson Farina, de origen francés. Y en varios cuentos, García Márquez se refiere a Holanda y a los holandeses. La segunda esposa de Nelson Farina tiene un nombre holandés, en ‘Blacamán el bueno vendedor de milagros’ se hablan de los maridos holandeses, a los que se debe infundir el temor de Dios. Los holandeses más llamativos del libro aparecen en el cuento que da título a la colección: Ulises, locamente enamorado de la cándida Eréndira, es medio holandés; su padre es de Holanda; su madre es indígena guajira.
La imagen de los holandeses que da García Márquez en la historia de Eréndira tiene aspectos positivos y negativos. En sus momentos libres, el padre de Ulises, empresario y contrabandista, “Se sentó en el fondo del corredor a chupar la pipa hasta que se le agotó la carga. Después abrió la Biblia al azar y recitó fragmentos salteados durante casi dos horas en un holandés fluido y altisonante” (p. 262). También para comunicarse con su hijo, el padre utiliza el holandés, una lengua que la madre no entiende; entre los tres usan el castellano. El aspecto más llamativo del hijo es su belleza; es “un adolescente dorado, de ojos marítimos y solitarios, y con la identidad de un ángel furtivo” (p. 248). Unas páginas más adelante, el narrador repite este aspecto angelical: “Tenía un aura irreal y parecía visible en la penumbra por el fulgor propio de su belleza” (p. 250). En el primer encuentro con Ulises, Eréndira le dice: “Pareces todo de oro” (p. 252). Sin embargo, no todo lo que brilla es oro, ya que a pesar de su aspecto inocente y angelical, Ulises no tiene problemas para robar; le roba, por ejemplo, dinero y naranjas con diamantes al padre y huye con su camioneta. Además, hace varios intentos de matar a la abuela de Eréndira. No logra quitarle la vida, y al final se le escapa Eréndira: “jamás se volvió a tener la menor noticia de ella ni se encontró el vestigio más ínfimo de su desgracia” (p. 281).
En el libro se menciona varias veces la isla de Aruba. En el cuento de Eréndira, el hombre del correo nacional le dice a Ulises que “la intención de la jodida vieja es pasarse a la isla de Aruba” (p. 262). También en ‘Muerte constante más allá del amor’ Aruba es un refugio para quienes quieran irse del país; el marido de la mujer que recibe un burro del senador Onésimo Sánchez “se fue a buscar destino en la isla de Aruba” (p. 217).
En base a lo anterior no se puede sacar conclusiones definitivas sobre las opiniones de Gabo acerca de los holandeses y las tres islas holandesas que formaban parte de su mundo caribense. Sería interesante analizar más textos del Nobel colombiano para saber qué pensaba de Aruba, Bonaire y Curazao y sus habitantes de origen holandés. Las opiniones de García Márquez – sobre el tema que sea – siempre se tomaban en serio en toda Colombia y se puede suponer, pues, que las ideas que tenía sobre nuestras islas y su población – ideas que expresaba en sus textos – han tenido influencia en la opinión pública. Muchos inmigrantes colombianos habrán llegado a Aruba, Bonaire y Curazao con opiniones creadas a base de textos del autor más importante e influyente de su país. Vale la pena, pues, analizar las novelas, los cuentos y los textos periodísticos de García Márquez para saber qué opinaba de nosotros.
Guillermo Llanta
Referencias
García Márquez, Gabriel (1987). Todos los cuentos. Bogotá: Editorial Oveja Negra; 4e ed. 1994.
