¿Adónde nos llevan los zapatos prestados?
La poesía de Hugo Jamioy como fuente de inspiración para poetas arubanos
Una isla caribeña y un valle colombiano: dos mundos diferentes, separados por miles de kilómetros, por mares y montañas, por desiertos y selvas. Los habitantes de la isla no se parecen a los del valle, no hablan la misma lengua y no tienen las mismas creencias. Pero los de la isla sí pueden comunicar con los habitantes del valle, en castellano, una segunda lengua para ambos grupos. Y a pesar de la distancia, los isleños pueden identificarse con los del valle, porque hay problemas similares.
En su poesía, el danzante del viento Hugo Jamioy, representante de los del valle, habla poéticamente del pueblo originario al que pertenece y del entorno en el que vive su gente. Son poemas sutiles que abordan indirectamente los problemas de esta cultura milenaria; al mismo tiempo inspiran en una búsqueda de soluciones a los problemas a los que se refiere. Para los poetas isleños, los poemas de Jamioy, por ejemplo, los que forman parte del poemario Binӱbe oboyejuayëng. Danzantes del viento (2010), pueden ser una fuente de inspiración para reflexionar sobre los problemas de la isla.
Aruba y el Valle de Sibundoy
La isla de Aruba depende del turismo; cada día llegan miles de americanos y europeos para pasar sus vacaciones en uno de los tantos hoteles frente al mar. La población sigue creciendo, cada vez se construyen más hoteles, bloques de apartamentos, carreteras, supermercados, restaurantes y centros comerciales. Las playas están saturadas de personas, casi ya no hay naturaleza, existe un problema enorme con la basura, los miles de inmigrantes que trabajan en la construcción y el turismo necesitan viviendas, el tráfico es un trancón sin fin. Aruba está perdiendo rápidamente su naturaleza, su propia cultura y su carácter.
La juventud arubana vive en dos mundos: en general, habla papiamento en casa, pero en el colegio tiene que estudiar en holandés; la cultura arubana del hogar se opone en la vida diaria a una realidad cada vez más americanizada. Después de terminar el bachillerato, muchos jóvenes emigran a Holanda o Estados Unidos para seguir estudiando; gran parte de estos emigrantes no vuelve a la isla. En caso de que sí vuelvan, ya no reconocen su país natal, que sigue cambiando y donde el poder económico está cada vez más en manos extranjeras. La mayoría de los arubanos está luchando por sobrevivir y por lo demás trata de arrimarse al sol que más calienta o, más lógico en el contexto tropical de Aruba, al árbol que da más sombra.
En general, los problemas socioeconómicos que ha conllevado el desarrollo desenfrenado turístico han tenido poco eco en la cultura. En los festivales culturales, se canta sobre el Aruba de antes, sin comentar la situación actual o los cambios negativos que ha padecido la isla. Los poetas, por su parte, enaltecen el patrimonio cultural tradicional, con rimas forzadas llenas de topos y clichés. Hay excepciones, claro; poetas como Joe Fortin y Arturo Desimone han escrito textos que critican a veces más, a veces menos los desarrollos socioeconómicos en Aruba.
En el Valle de Sibundoy, en el Putumayo, al sur de Colombia, muy cerca de la frontera con Ecuador, vive el pueblo camëntsá, conformado por unas seis mil personas. Los pueblos originarios colombianos se ven confrontados con muchos problemas, por ejemplo, las consecuencias persistentes del conflicto armado colombiano. La explotación a gran escala de recursos naturales y las actividades extractivas, generalmente por empresas transnacionales, amenazan la cultura indígena y la manera tradicional de vivir de los pueblos originarios. La extracción de madera ha causado daños al ecosistema y una deforestación enorme; los efectos se notan en varias partes del país, por ejemplo, en Mocoa, en el mismo Putumayo, donde hace unos años la población local fue víctima de deslizamientos de tierra.
Muchos jóvenes se ven confrontados con un choque de culturas. La cultura de la casa es tradicional, es la cultura de los abuelos y los padres, es de carácter rural. Al otro lado conocen una cultura más moderna, la cultura urbana, que se expresa en castellano y no en la lengua local. Si los jóvenes quieren estudiar, tienen que dejar sus territorios ancestrales y trasladarse a las grandes ciudades. Al volver a la zona ancestral, se dan cuenta de que viven en dos mundos opuestos.
En bastantes ocasiones, los pueblos originarios han mostrado mediante manifestaciones o bloqueos que no están conformes con ciertos procesos económicos en sus territorios ancestrales y las consecuencias sociales de los mismos. La voz crítica de los pueblos originarios suena también a través de la literatura, por ejemplo, en los textos de Hugo Jamioy. En su obra, Jamioy, nacido en el Valle de Sibundoy, nos invita a conocer la realidad de su pueblo camëntsá, su riqueza cultural y su perspectiva al mundo. Al mismo tiempo, sus poemas transmiten inspiración para buscar soluciones a los problemas con los que se ven confrontado su pueblo originario.
Literatura oral y oralitura
Los pueblos originarios colombianos conocen una fuerte e impresionante tradición oral, término que según el Instituto Caro y Cuervo hace referencia a todas las expresiones culturales que se transmiten verbalmente de generación en generación para dar a conocer las creencias, conocimientos y experiencias de una comunidad. Es evidente que la poesía de Hugo Jamioy tiene sus raíces en la tradición oral de su pueblo; sin embargo, sus textos traspasan las fronteras de la literatura oral y pueden definirse mejor como oralitura. En la definición del Instituto Caro y Cuervo se trata de un tipo de escritura que evoca la oralidad, las grafías y los saberes colectivos; es una escritura que transcurre al lado de la oralidad comunitaria. Si se escribe desde la experiencia indígena migrante hasta puede ser considerada una clase de literatura urbana expresada en forma de spoken word o slam poetry.
Binӱbe oboyejuayëng. Danzantes del viento (2010)
Jamioy publica sus textos tanto en su propia lengua como en castellano. En 2010, el Ministerio de Cultura de Colombia reeditó su poemario más importante: Binӱbe oboyejuayëng. Danzantes del viento. Esta edición bilingüe está estructurada en seis partes, que a continuación comentaremos brevemente con base en un análisis realizado por la poeta e investigadora peruana Carolina Ortiz Fernández (2013). Acompañaremos los comentarios con uno o más poemas que consideramos representativos o ilustrativos para la secuencia en cuestión.
La primera secuencia textual trata el proceso de biosocialización, la masculinidad, la feminidad y la vida cotidiana en el propio territorio, términos que Ortiz Fernández comenta de la manera siguiente: “Los camëntsá se declaran hijos de la Madre Tierra porque el proceso que prefiero llamar de biosocialización y no sólo de socialización, no proviene exclusivamente de los padres y la sociedad comunal, sino también del territorio, éste les da las pautas de convivencia integrada a la ‘naturaleza’ […]. El nosotros, producto del proceso de biosocialización, tiene raíces terrenales; se sienten ‘nacidos del fondo de la tierra’ y por eso aprenden a brindar un amoroso cuidado a la Tierra Madre con el objeto de mantenerla y mantenerse en un saludable equilibrio natural” (p. 18).
Un rasgo muy característico de lo anterior es el diálogo entre el padre y el hijo en el poema ‘Los ojos’:
Taita,
¿qué son los ojos?
Hijo, los ojos
son las flores que brotan
del jardín del alma.
Taita,
¿y esas flores amarillas
de ese árbol del alma
de quién son
Hijo,
son de un taita que ya caminó.
Taita,
¿y él cultivaba
flores en su alma?
Sí, así es, hijo.
Taita,
¿y yo puedo cultivar
flores en mi alma?
Sí, hijo,
tus ojos son el brote floral
y debes regarlo cada día
para que miren en ellos
el color puro de tu alma.
La segunda secuencia se opone a la primera y gira sobre desencuentros y el abandono de la choza. La choza como símbolo expresa para Ortiz Fernández “la capacidad de gozar autonomía en relación a un contexto / frontera hostil, por cuanto salir de ella impone enfrentarse a otra visión del mundo, aquella en la que predomina el espejo plateado de la realidad” (p. 19). Se trata de una realidad en la que vale más el dinero que el espíritu y la tradición ancestral. En ‘Plateada es la realidad’, Jamioy lo dice así:
Cada paso que das
en la noche de luna llena
te acerca al encuentro
con el espejo plateado de la realidad.
En su rostro no tiene lunares que la marquen;
ella camina, sientes que te persigue,
detienes los pasos en tu choza
evitando dar el giro de la oscuridad.
Algún día, aunque quieras,
no podrás detener tu camino;
ella te estará esperando
para que sigas sus pasos,
y verás que tu cuerpo es plateado en realidad.
La tercera secuencia gira para Ortiz Fernández alrededor de las siguientes palabras: belleza, poesía y territorio; la poesía es el viento que habla; el poeta / danzante del viento es un mensajero como el colibrí. En ‘Somos danzantes del viento’, el propio poeta se expresa de la manera siguiente:
La poesía
es el viento que habla
al paso de las huellas antiguas.
[…]
En sus entrañas guarda
el néctar que embriaga al colibrí
cuando llega a hacer el amor.
[…]
La poesía
es el fermento de la savia para cada época;
los mensajeros llegan, se embriagan y se van
danzando con el viento.
En ‘Bonito debes pensar’, Jamioy define la tarea del poeta:
Bonito debes pensar…
luego, bonito debes hablar.
Ahora, ya mismo,
bonito empieza a hacer.
La cuarta secuencia la resume Ortiz Fernández con las palabras ética, autonomía del ser y solidaridad. En el poema ‘Pon tus huellas’ se destaca el segundo aspecto:
Se van cruzando
estos caminos
creados por tus abuelos;
son para encontrarse y darse la mano.
Pon tus huellas hijo,
así, seguirán viviendo.
Ortiz Fernández define la quinta secuencia (travesía, diáspora, entorno natural e identidad) así: “De manera reiterada el yo poético, migrante diaspórico, dialoga reflexivamente consigo mismo acerca de sus peripecias en los caminos que evidencian los conflictos del ser en la frontera, por cuanto en ella avasallan otros lenguajes que pugnan por someter al ser y éste pierde consistencia alejado de su hábitat” (p. 26). Estas palabras pueden ser ilustradas con, por ejemplo, ‘La historia de mi pueblo’:
La historia de mi pueblo
tiene los pasos limpios di mi abuelo,
va a su propio ritmo.
Esta otra historia va a la carrera,
con zapatos prestados
anda escribiendo con sus pies
sin su cabeza al lado,
y en ese torrente sin rumbo
me están llevando.
Solo quisiera verme
una vez más en tus ojos, abuelo.
Abrazar con mis ojos tu rostro,
leer las líneas
que dejó a su paso el tiempo,
escribir con mis pies
solo un punto aparte
en este relato de la vida.
En cuanto a este aspecto, es llamativo también ‘Buscándome’:
Durante años
he caminado buscándome.
Cómo voy a encontrarme
si los lugares
donde escarbé
están fuera de mi tierra.
Sin embargo, en ‘Yo no ando solo’, el poeta afirma:
Quien dijo que ando solo.
Tal vez me han mirado
caminar sin compañía
pero mi pensamiento
mi alma, mi espíritu
andan con mi gente
ellos piensan en mí.
Yo no ando solo.
La sexta secuencia describe el reencuentro con la Madre Tierra. En cuanto al contenido de esta parte del poemario, Ortiz Fernández observa: “El desasosiego de tantos años desaparece cuando el sujeto migrante quebrantado en la frontera, encuentra a la mujer y Madre Tierra, cuando participa en la ceremonia del Yagé, cuando reaprende a escuchar los murmullos de las aves, de las plantas, de las fuentes de agua, volviendo a reencontrarse en esa relación donde el entorno natural es un sujeto actor y él, el ser humano, no se impone sobre ellos, porque es parte de ese territorio, solo entonces se reencuentra consigo mismo” (p. 29). Muy importantes en este reencuentro son las mujeres, las guardianas y principales transmisoras de la lengua y la cultura. El poeta subraya que tanto las mujeres como los hombres camëntsá saben leer la naturaleza: “un texto que se expresa en una diversidad de lenguajes y saberes que constituye el conocimiento vivo de los habitantes y sabios camëntsá; en cambio el gobierno y el estado son verdaderos ignorantes que atentan contra la vida y buscan aniquilar los sueños de los pueblos” (p. 32-33). Esta observación se ve ilustrada en ‘Analfabetas’:
A quién llaman analfabetas,
¿a los que no saben leer
los libros o la naturaleza?
Unos y otros algo y mucho saben.
Durante el día
a mi abuelo le entregaron
un libro:
le dijeron que no sabía nada.
Por las noches
se sentaba junto al fogón,
en sus manos
giraba una hoja de coca
y sus labios iban diciendo
lo que en ella miraba.
En esta última sección del libro encontramos unos poemas que critican fuertemente la manera en la que el Estado trata a los pueblos originarios. Un ejemplo: ‘Desencantos de Urrá’:
Al tiempo que se inundó Urrá
las ciudades se inundaron de transeúntes hambrientos.
Al tiempo que se hizo la luz
se quedaron ciegas las familias emberá.
Al tiempo que flotan los sueños en el Urrá inundado
duermen los cuerpos en las calles de una ciudad.
Al tiempo que se extienden manos ancestrales
los transeúntes niegan sus raíces.
Al tiempo que lloran los niños emberá
en los brazos de sus madres desterradas
el ICBF les tiene padres responsables. [ICBF = Instituto Colombiano de Bienestar Familiar]
Al tiempo que buscan refugio en la ciudad
los guardianes de la seguridad nacional
los destierran de aquella que no es su tierra.
Al tiempo que sale el sol
se ve la noche en sus ojos.
Al tiempo que llega la noche
en las ciudades de este país
los emberá se arropan con el manto de sus añoranzas.
El poeta tiene sus dudas sobre la multiculturalidad y el plurilingüismo; términos tan importantes en tantos discursos gubernamentales. Este plurilingüismo, ¿tiene que ver con el castellano y las lenguas indígenas del país o con el castellano y el inglés? Tema que se cuestiona en ‘En qué lengua’:
Hoy, que me encuentro en su oficina
abogando por la vida de mi pueblo,
le pregunto, señor presidente:
¿En qué lengua
están escritos sus sueños?
Parece que están escritos
en inglés, ni siquiera en español.
Los míos están escritos
en camëntsá.
Así
jamás nos entenderemos
“Así jamás nos entenderemos”, dice Jamioy. Se espera que a través de sus poemas y actos públicos haya más comprensión entre los pueblos originarios y ‘los blancos’. Al respecto, el poemario Binӱbe oboyejuayëng. Danzantes del viento es una invitación que no se puede rechazar.
Observaciones finales
La voz de Jugo Jamioy suena en toda Colombia; ha asistido, por ejemplo, varias veces al Festival de Poesía de Medellín, donde sus poemas son aclamados por colombianos y extranjeros. También fuera del país, Jamioy ha sido representante de los pueblos originarios de Colombia. Así ha podido llamar la atención sobre la cultura indígena de su país y las amenazas contra su manera de vivir.
Jamioy no es político, es decir, no grita huecos eslóganes ni presenta soluciones prefabricadas o programas socioeconómicos. Tampoco es poeta activista. Es más bien un filósofo que, con voz suave y dulce, pero (paradójicamente) al mismo tiempo clara y fuerte, nos inspira poéticamente a observar con otra perspectiva nuestro entorno y nuestra realidad. Jamioy ataca sigilosamente y nos invita de una manera indirecta a reflexionar sobre el mundo y nosotros mismos. Asimismo, inspira en la búsqueda de otra forma de vivir; sugiere, por ejemplo, que dejemos los zapatos prestados y retornemos a las raíces.
Es evidente que los textos de Jamioy tratan en primer lugar la realidad de los pueblos originarios colombianos, sin embargo, los problemas que se comentan sutil y poéticamente en su obra, por ejemplo, en Binӱbe oboyejuayëng. Danzantes del viento, son problemas reconocibles en Aruba. Sus poemas pueden ser una fuente de inspiración para la población de la isla y son al mismo tiempo una llamada a escritores arubanos. Ya hemos mencionado a Joe Fortin y Arturo Desimone, dos autores que en su obra reflejan la a veces problemática realidad de la isla, pero necesitamos más ‘Jamioyes arubanos’, poetas que en papiamento (o en una de las otras lenguas habladas en Aruba) nos inculquen el mensaje que el poeta camëntsá nos da en ‘En la tierra’:
No es que esté obligando
a mi hijo
a trabajos forzados
en la tierra.
solamente
le estoy enseñando
a consentir a su madre
desde pequeño.
Guillermo Llanta
Referencias
-Desimone, Arturo (2024). Kibocacion entre luz y boca. Lima: Hanan Harawi Editores.
-Fortin, Joe (2016). Canto di lama. -Jamioy Juagibioy, Hugo (2010). Binӱbe oboyejuayëng. Danzantes del viento. Bogotá: Ministerio de Cultura.
-Ortiz Fernández, Carolina (2013). La poética de Hugo Jamioy Juagibioy en ‘Danzantes del viento / Binӱbe oboyejuayëng. Poesía indígena contemporánea. Quito: Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador; Informe de Investigación.
-Sánchez Martínez, Juan Guillermo (2010). ‘La savia que habrá de fermentarse’. En: Jamioy Juagibioy, Hugo. Binӱbe oboyejuayëng. Danzantes del viento. Bogotá: Ministerio de Cultura.
Además, se ha usado materiales del Diplomado en Lenguas y culturas nativas en Colombia con énfasis en Amazonas; Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, Colombia.

Hugo Jamioy (Fuente: BiblioRed)

